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| Jon Gorospe: Rain on The Baltic. |
Hasta entonces yo había pensado siempre en la soledad como algo negativo, como una ausencia de compañía y, por supuesto, algo temporal... Aquel día comprendí que era mucho más. Era algo que podía apretar y oprimir, que podía deformar las cosas más comunes, y hacerle jugarretas a la mente. Algo no amistoso que se arrastraba a mi alrededor, poniéndome los nervios de punta y destrozándolos con sucesivas alarmas; algo que no permitía olvidar que nadie vendría a ayudarnos, que nadie se preocupaba de nosotros. La soledad lo hacía sentir a uno como un átomo en medio de la inmensidad. Esperaba continuamente una oportunidad para aterrorizarnos... Eso era lo que estaba realmente tratando de hacer, y eso era lo que había que impedir por todos los medios.
Privar de compañía a una criatura gregaria es mutilarla, ultrajar su naturaleza. El prisionero y el cenobita saben que más allá de su exilio está el rebaño; son aún parte de él. Pero cuando el rebaño ya no existe, la criatura pierde su identidad. No es ya la parte de un todo; es como un aborto de la naturaleza, y sin ubicación. Si no es capaz de mantenerse dentro de los límites del sentido común, está perdida de veras; total y espantosamente perdida. No es más entonces que un retorcimiento en la pierna de un cadáver.
Wyndham, John. (2003). El día de los trífidos. Barcelona: Ediciones Minotauro.

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