viernes, 6 de abril de 2018

En las noches de vigilia en que, inclinado sobre su mesa, se entregaba a la escritura, en ocasiones recordaba los vergonzosos ejercicios de violín a que su padre se dedicaba en solitario en otros tiempos. Entonces se levantaba ruborizado, se metía en la cama y apagaba la luz con furia, consciente de que sus esfuerzos eran tan infructuosos como la lucha de su padre con el violín. Sabía que no bastaba con relatar lo que veía u oía durante el día, que detrás de los hechos cotidianos se escondía un significado oculto y misterioso que él aún desconocía. Ése era el gran reto: descubrirlo, entenderlo y expresarlo. Había tenido la oportunidad de leer Guerra y paz y recordaba a menudo la escena que más le había impresionado: el duque acaba de llegar del campo de batalla y encuentra a su esposa muerta, en cuyo rostro aún se lee el trágico reproche: «¿Qué me habéis hecho?» Fue como una revelación para Ábel: alguien había conseguido transmitir en una sola frase algo casi imposible de expresar con palabras. Algo que quizá constituía la propia esencia de las relaciones humanas. «¿Qué me habéis hecho?»

Sándor Márai. (2009). Los rebeldes. Barcelona: Ediciones Salamandra.

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