viernes, 29 de enero de 2021

Mi querido Willy.


He tenido esta entrada en borradores por un tiempo, no puedo empezar a escribir porque te recuerdo y me duele tu ausencia. 

Esta es la primera vez que vivo una pérdida. Nunca antes había sentido un dolor físico tan grande como cuando me enteré que ya no estabas aquí y desde entonces una parte de mí se fue. Duele mucho. Desde entonces no tengo ánimo ni energía, solo me siento feliz estando con tus hermanos y con mis hermanos. Siento que solo quiero vivir cuando ellos están conmigo porque nada más me importa verdaderamente. 

Nunca pensé que te ibas a ir tan rápido, mi nene; a veces conversaba con mis hermanos sobre cómo ibas a ser de calmado cuando fueras viejito y cuando tu pelito se volviera blanco, pensábamos que por fin en esos años ibas a ser un perrito tranquilo, es muy injusto no poder verte vivir.

Desde entonces pienso en tu ausencia. Haces mucha falta en nuestras vidas, mi cielo. Ahora Mufasa casi no juega porque tú eras el único que lo hacía jugar, tú sabes, él es viejito y no se lleva bien con nadie, pero tú lo obligabas a jugar, ahora Fasitas duerme mucho más. Timón perdió su hijito adoptivo, su compañeros de crimen, el que lo hacía hacer cosas malas en la casa, ahora es un perrito un poquito más aburrido sin ti. Polita perdió al que la hacía pelear, el que no le permitía subirse a las camas, el que lideraba a los demás para hacer maldades, el que le enseñó a irse a la ladrillera a molestar, a ti. Mi hermano perdió a su mejor amigo perruno, al que crio y al que le enseñó a ser un perrito cansón pero paciente. Mi hermana perdió a su hijo orejón que tanto nos hizo sufrir, al que se comía el mercado, al que la hacía meterse en la ladrillera todas las mañana. Yo perdí a mi tercer hijo perruno, al que amé desde el primer día, el que cabía en mis manos cuando llegó a la casa, al que me sacaba el malgenio comiéndose mis cosas (¡Una vez te comiste mi tarea de la universidad!), perdí al que se enojaba conmigo cuando me iba, pero me daba mucho amor al regresar, perdí a mi hijito que me lamía cuando estaba llorando, el que se dormía conmigo cuando hacía frio, al que jugaba conmigo cuando tendía la cama, el que se escaba del parque cuando lo sacaba, perdí una parte de mi vida contigo.

Te extraño tanto, tanto. Extraño saber las maldades que has hecho, extraño verte durmiendo, extraño tu lengüita con manchas moradas, extraño tus ojitos pidiendo comida, extraño tu voz, extraño que te enojes porque te bajo de la cama, extraño tus orejitas, extraño tus patotas, extraño las masitas que tenías, extraño tu cola haciendo ruido... te extraño tanto, mi vida, te extraño demasiado.

Desde que te fuiste, desde el día que te vi por última vez, frio, sin moverte... no podía creer que te ibas, era como si estuvieras durmiendo, ¿sabes? Calmadito... estaba lista a esperar que hicieras algún ruido, pero no. 

Siempre te hemos amado, Winni. Desde el primer día, desde que llegaste oliendo a leche de tu mamá y viajaste desde Mesitas. Siempre te dimos lo mejor.

No escribo esto para despedirme, porque siempre vas a vivir en mí. Lo escribo porque no te lo puedo decir. Sé que te voy a escribir más, que voy a tratar de plasmar todos mis recuerdo y mantenerte presente. 

Recuerdo haberte cantado canciones cuando vivías y recuerdo cómo salías corriendo cuando te perseguía y no me querías dar besos y terminábamos jugando. Siempre te dije que te amaba y aún lo hago. Yo sé que tú también me amaste, mi negrito hermoso.

Espero que el dolor de tu ausencia se vuelva la dulzura de tu recuerdo. Espero poder tener ganas de levantarme de nuevo y no sentir que nada vale la pena en esta soledad, espero seguir estando incompleta.

Gracias por haberme hecho feliz durante tantos años. Te amo, Willy. Te amo mucho. Te extraño mucho.




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