Los supervivientes miran hacia atrás y ven presagios, mensajes que se perdieron.
Recuerdan el árbol que se murió y la gaviota que se estrelló contra el capó del coche.
Viven por medio de símbolos. Encuentran significado en el aluvión de correo basura que llega al ordenador en desuso, en la tecla de borrado que deja de funcionar, en el abandono imaginado de la decisión de cambiarla. La voz de mi contestador automático sigue siendo la de John. El hecho de que la grabara él fue arbitrario y obedeció únicamente al hecho de que era él quien estaba en casa la última vez que hubo que programar el contestador, pero si yo tuviera que grabar otra vez el mensaje ahora, me sentiría una traidora. Un día en que yo estaba hablando por teléfono en su oficina me puse a pasar ociosamente las páginas del diccionario que él siempre tenía abierto en la mesilla de al lado del escritorio. Cuando me di cuenta de lo que acababa de hacer, me quedé acongojada: ¿cuál había sido la última palabra que él había buscado, y qué había estado pensando? ¿Acaso yo me había perdido su mensaje al pasar las páginas? ¿O bien el mensaje ya había estado perdido antes de que yo tocara el diccionario? ¿Acaso yo me había negado a oír su mensaje?
«Yo os digo que no viviré dos días», dijo Gawain.
Didion, Joan. (2024). El año del pensamiento mágico. Colombia: Ed. Penguin Random House
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