Es como cuando uno va a ser ahorcado. Si realmente lo ahorcan, se muere y se acabó. Pero si tiene que vivir todos los preparativos para su ajusticiamiento y sólo cuando el lazo ya cuelga ante sus ojos se entera de su indulto, puede quedar afectado para toda su vida. Por lo demás, de tantas ocasiones en que según tú demostraste claramente que merecía yo una tunda de las que apenas me salvaba gracias a tu perdón, se acumulaba, otra vez, un gran sentimiento de culpa. Desde todos los ángulos resultaba yo culpable ante ti.
Kafka, Franz. (2013). Carta al Padre. Madrid: Ediciones Akal.