—Por favor, Dios mío — susurró en la palma de su mano—. Por favor, hazme desaparecer.
Cerró los ojos con fuerza. Pequeñas porciones de su cuerpo parecian difuminarse. Ahora lentamente, después deprisa. Otra vez despacio. Sus dedos se marcharon uno a uno; luego desaparecieron completamente sus brazos, hasta el codo. Ahora los pies. Sí, aquello estaba bien. Las piernas, todas de golpe. Por encima de los muslos era más difícil. Tenía que estar perfectamente quieta y empujar. Su vientre no quería marcharse.
Pero, finalmente, también él se borró. A continuación el pecho, el cuello. La cara volvía a ser difícil. Casi había terminado, casi. Sólo quedaban sus ojos cerrados. Bien cerrados. Los ojos siempre quedaban.
Por mucho que lo intentase nunca conseguía que sus ojos desaparecieran. ¿Qué sentido tenía, entonces? Los ojos lo eran todo.
Morrison, Toni. (2021). Ojos Azules. Bogotá: Penguin Random House Group Editorial