domingo, 26 de julio de 2015

Y entonces fui más allá de donde me proponía. Dije: «Usted no lo oye porque es ateo.» Y él, sereno, imperturbable:

—Créame que no soy ateo, coronel. Lo que sucede es que me desconcierta tanto pensar que Dios existe, como pensar que no existe. Entonces prefiero no pensar en eso.
No sé por qué tenía el presentimiento de que era exactamente eso lo que me iba a responder. «Es un desconcertado de Dios», pensé, oyendo lo que él acababa de decirme espontáneamente,con claridad, con precisión, como si lo hubiera leído en un libro.


García Márquez, Gabriel. (1979). La Hojarasca. España: Editores Virgen de Guadalupe.

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