Nada. Sólo aquel blanco. Nunca pensé que el silencio fuese así, tan blanco. Y fue en ese momento cuando me di cuenta de que mi amigo había muerto y de que el blanco dolía más que el negro, ¡sin hablar del amarillo! Dolía más que cualquier otro color.
Bojunga, Lygia. (1989). Mi amigo el Pintor. Bogotá: Editorial Buena Semilla.
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