—Distinguido público, atención: os voy a contar la historia de ese
fantasma. Es una historia corta porque él es un fantasma recién
muerto. Se convirtió en fantasma porque equivocó el momento de
su muerte. Nunca había pensado que eso pudiese suceder. Pero
sucedió. Él debía morir sólo cuando fuese viejísimo, pero era un
artista, era un pintor (mirad el pincel en su mano), tenía la manía
de vivir pensando en colores. Se despertaba, y en vez de decir,
como todo el mundo, estoy triste, estoy contento, se expresaba así:
Hoy estoy morado.
¡Hoy me he puesto tan amarillo!
Hoy desperté medio morado,
pero me fui amarilleando
hacia el atardecer.
»Para él, la cosa que tenía más color de muerte era la neblina. A
veces, cuando por la mañana había un cielo azul, pero por la tarde
se ponía nublado, decía:
Hoy por la mañana hizo vida,
pero ahora está haciendo un poco
de ganas de morir.
»Y así, un día de ésos, hizo una neblina la mar de fuerte. El Pintor
miraba por la ventana de su apartamento, sólo veía esa neblina
tapando todos los colores, y decía como solía decir: hoy está
haciendo un poco de ganas de morir.
»Una neblina tan fuerte casi siempre pasa enseguida. Pero esa vez
no pasó: era una neblina larga, que duró toda la tarde y también la
noche entera. A todas horas el Pintor miraba por la ventana. Y ni
asomo de que las ganas de morir acabasen. Por eso se equivocó:
pensó que nunca más se pasarían esas ganas y resolvió, pues,
matar las ganas.
»Un error sin sentido: al día siguiente amaneció con un bonito
cielo azul.
»Pero el Pintor ya se había convertido en fantasma.