Las costumbres simples permanecen: nadar en el río, cocinar arroz con queso y trenzar a una vecina. Las trenzas unen a la dueña del pelo y a quien lo trenza en una complicidad íntima; la trenzada deja ver sus raíces, se arrodilla ante otra para que disponga de su fuerza y encanto. La trenzadora es responsable de crear caminos, ríos, salidas en el pelo de la otra, unirla a todas las mujeres que han sido trenzadas en la historia.
Salazar Masso, Lorena. (2023). Esta herida llena de peces. Colombia: Angosta Editores.
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