La espera ocupa tanto espacio como la tristeza, paraliza como el dolor. Ese dolor-dolor sin nombre. Isa se levanta la blusa para mirarse la barriga: sabe, desde hace un tiempo, que a ella también algo se le riega. Se pellizca, se agarra fuerte, quiere arrancarse lo que dicen que le sobra. Nadie sabe que falta al colegio porque una tarde de paseo, mientras intenta disimular el miedo al agua aferrándose con los pies a las piedras de una quebrada, una del salón se acerca y le dice que todos están muy decepcionados de ella porque no es flaca. Todos, todos los que están al otro lado, pegados de los matorrales, niñas y niños que ahora le parecen figuras grises de dientes largos. Las mira y, luego, por primera vez, se mira la barriga, se hace consciente de que tiene un cuerpo, cuerpo malo. «Decepcionados —dice la otra—. Estamos decepcionados de ti, muy decepcionados, no eres flaca, muy decepcionados». Isa queda congelada. ¿Cómo cargar el cuerpo que acaban de entregarle? ¿Puede quedarse allí, sola, y ahogar al cuerpo malo? «Decepcionados de ti, muy decepcionados». Palabras de niños se le enredan en los pies bajo el agua, la jalan. Ay, cómo quisiera dejar el cuerpo malo para que se lo coma un pez. El sol se ofende y llega el frío. La profe dice que es hora de regresar. Entonces las figuras grises de dientes largos dejan la quebrada. Isa es la última en salir: camina, esconde la barriga, aguanta la respiración; ya está metida dentro de sí bajo el juramento silencioso de no salir más.
En el baño se pellizca, se agarra fuerte, quiere arrancarse lo que dicen que le sobra. Se clava las uñas en la barriga y suda. Afuera, el viento lleva las santamarías de Hija Cristina hasta las montañas, allí las entierra junto a las de otras mujeres locas, palabreras de otros pueblos, hijas de su madre. Isa se duerme con los dedos tiesos de hacer fuerza, con los calzones abajo, acurrucada encima de la taza fría. A esa hora es una niña cerrada como las caléndulas.
Salazar Masso, Lorena. (2023). Maldeniña. Bogotá: Penguin Random House