Mi abuelo murió a las cuatro de la mañana. No recuerdo la fecha pero sí la hora en la que el sonido del teléfono me despertó de un sueño liviano. Y es que siempre que se está esperando una muerte el sonido del teléfono se convierte en el anuncio de la partida. Tan fácil parece respirar que la mayoría del tiempo se nos olvida, preocupados por tantas cosas solo volvemos a notar el sutil movimiento del pecho y el suave silbido del aire que recorre los pulmones cuando cesa, cuando ya no es. Para todo de repente, porque suena el teléfono. Luego del timbre agudo siguen un par de palabras calladas y un silencio que se extiende por toda la casa, porque la muerte no necesita explicaciones para entrar a ninguna parte. Simplemente nos levantamos y nos vestimos a media luz, por alguna razón no nos animamos a encender las lámparas y pretender que este es como cualquier otro día.
Parra Ochoa, Lina María. (2024). Malas Posturas. Editorial EAFIT: Medellín.
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